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La agresividad en la adolescencia…

… o por qué las personas adolescentes reaccionan de forma agresiva física y verbalmente.

Una de las cosas que más difícil resulta a las familias de adolescentes es gestionar los arrebatos de agresividad que rayan las faltas de respeto. 

Los tipos de agresividad que os suelen preocupar cuando venís a verme son tres principalmente:

  • La agresividad física: empujar, pegar…
  • La agresividad verbal: insultar, gritar, amenazar…
  • La agresividad ambiental: dar patadas o puñetazos a muebles, paredes, mobiliario urbano, romper cosas…

A menos que nos encontremos ante algún tipo de trastorno que implique además otras consideraciones, la mayor parte de las veces que las personas adolescentes reaccionan de forma agresiva lo hacen por el impulso que les genera una emoción que no pueden gestionar. Asimismo, la mayor parte de las veces se sienten mal después de su reacción y no saben qué hacer.

No son capaces de preveer aún lo que puede pasar después de sus reacciones y les cuesta asumirlo cuando se les pasa. Reaccionan y ya está. Después pueden sentir vergüenza por su comportamiento y/o miedo o rabia por la reacción adulta.

Como ya sabes si conoces los 10 mandamientos de la adolescenciaen esta etapa las emociones son protagonistas y la capacidad de razonar, argumentar y tomar decisiones suele quedar eclipsada por ellas. 

“Nuestra manera de actuar ante sus reacciones es caudal para evitar conflictos mayores”.

El error que solemos cometer las personas adultas es creer que ya disponen del autocontrol necesario para frenar las emociones que las impulsan hacia la agresividad y que son capaces de seguir, procesar y asimilar rápidamente los argumentos que les lanzamos.

Sin tener presentes las características de su ciclo vital, entramos a discutir, a gritar, a pedir explicaciones de su conducta y nos cuesta entender que no pueden dárnoslas aún como lo haríamos nosotras. 

Es importante entender que lo que nosotras hacemos cuando reaccionan como lo hacen es vital y puede marcar la diferencia. Si, cuando ellas reaccionan de forma agresiva, nos dejamos llevar por nuestras emociones, por lo que nos hace sentir lo que hacen o dicen, es muy probable que la situación se nos vaya de las manos.

Para atender y acompañar las conductas agresivas e impulsivas hay algunas cosas que puedes hacer. 

Para empezar recuerda el mantra: “no es personal, es cerebral”. Repítetelo interiormente las veces que te haga falta para recuperar el control y poner distancia entre su conducta y tus emociones. Esa distancia será vital para sacar tus miedos de la ecuación y desarrollar la capacidad de ver más allá para acompañar adecuadamente su malestar.

Las reacciones agresivas normalmente están relacionadas con su incapacidad para tolerar la frustración y con la necesidad de poner a prueba los límites para encontrarlos y ajustarse a ellos, para aprenderlos.

En el momento de alteración máxima no tienen control sobre lo que dicen, lo dicen y punto. Por eso este tipo de reacciones acaban generando una discusión. Te recomiendo que pongas la atención en la necesidad de determinar los límites, no en la forma de hacerlo,  porque nada es realmente contra ti. 

Deja que hablen, griten o digan lo que necesitan decir. No las interrumpas mientras están elaborando su discurso emocional, necesitan sacarlo de dentro. En casa están en un contexto seguro y de confianza, por eso les resulta más fácil hacerlo allí. 

Haz lo contrario de lo que ellas hagan. Si ellas hablan deprisa, tú habla despacio (no se lo digas, hazlo). Si ellas gritan, tú baja la voz (no se lo digas, hazlo). Si ellas están de pie, tú siéntate (no se lo digas, hazlo). Si ellas se mueven rápido, tú quédate quieta (no se lo digas, hazlo). Si ellas te insultan, tú diles algo bonito sobre ellas.

Esto puede parecer abstracto al principio, pero en mi experiencia profesional poner nuestra atención en actuar de forma opuesta ayuda mucho a controlar la dinámica de la discusión. También evita que nos dejemos llevar por la situación y el torrente emocional que nos provoca.

Y aquí puede que pienses: “Pero yo también tengo mis emociones, también soy una persona”, y sí, claro está, pero en este momento no podemos perder el foco, y el foco es que con la agresividad como forma de comunicarnos no vamos a llegar a ningún lugar de provecho.

Claro que te afecta lo que dicen o hacen, no se trata de que no te afecte, se trata de que en el momento en el que tienes que hacer la contención para ayudarlas a gestionar su agresividad, no te dominen tus propias emociones desbocadas. Nosotras somos las adultas. Cuando la situación esté bajo control ya nos ocuparemos de explicar lo que hemos sentido y elaborarlo con ellas. 

“Tomarse las discusiones como parte de sus necesidades es la clave”. 

Cuando intervengas recuerda que necesitan la confrontación para poner a prueba los límites y que realmente no es nada contra ti. Evita decir cosas sobre ellas que agraven la discusión o provoquen que se pongan más agresivas, intenta hacerles preguntas sobre lo que ha provocado la discusión o la reacción agresiva, pregunta sobre lo que sienten y pídeles que hagan propuestas para que la próxima vez la situación se desencadene diferente.

Pregúntales qué puedes hacer para que se sientan mejor y cómo la próxima vez podéis hacer que las circunstancias sean otras. Si se trata de momentos en los que el detonante ha sido algo que has dicho o hecho tú, porque les has prohibido que hagan algo que querían hacer o les has pedido que hagan algo que no quieren hacer, concéntrate en descubrir qué es lo que hay detrás de la conducta.

Quizá necesita asistir a esa excursión, campamento, fiesta, etc., por algo que le pasa con el grupo o con alguien del grupo, o solo porque todo el grupo va a estar y si recuerdas el décimo mandamiento de la adolescencia, y comprendes que no puede controlar las intensas emociones que le provoca no poder asistir por los motivos que tiene, podrás hacerte cargo de acompañar la frustración que le supone de la mejor manera posible.

Pídeles que te miren a los ojos para recuperar su atención sobre ti, conectar con ellas y transmitirles con más facilidad que estás allí, que no las vas a juzgar por decirte lo que te están diciendo. Sí, a veces se quejarán y te dirán que eres una pesada, pero vale la pena. Créeme.

Finalmente, recuerda que las conductas de este tipo pueden ser indicadoras de que les pasa alguna cosa que no pueden controlar y les genera emociones intensas. Si las conductas agresivas:

  • incrementan su intensidad,
  • se repiten constantemente,
  • perduran en el tiempo
  • y ponen en riesgo la seguridad familiar,

es momento de buscar una profesional que determine si existe algo que deba ser atendido. 

Las discusiones son necesarias en la adolescencia y muchas cursan con agresividad verbal o ambiental. Son necesarias para explorar los límites. Te necesitan en ese camino. Necesitan discutir contigo, y de la discusión o la expresión de la agresividad a que estemos ante un trastorno, hay un trecho. Tomarse las discusiones como parte de sus necesidades es la clave. 

“Los límites, que son diferentes para cada familia, son desencadenantes de muchas reacciones agresivas”.

Nadie pondría en duda la necesidad de un bebé de hacerse caca encima y que le cambien el pañal, de morder cuando le están saliendo los dientes, de caerse cuando está aprendiendo a andar, de practicar y equivocarse cuando está aprendiendo a sumar, a leer o a escribir.

Tampoco deberíamos poner en duda la necesidad de discutir como parte del proceso de hacerse mayores. La necesidad de desafiar para encontrarnos con los límites. Claro está que para cada família los límites son diferentes, pero si tienes claros los tuyos y los defiendes le estás ayudando a hacer algo tan básico y necesario como aprender a controlar sus esfínteres, andar, sumar, leer y escribir. 

Una vez tengas claros los límites, entonces ya buscarás la mejor forma de aplicarlos, la forma que va más contigo y con tu estilo educativo, pero primero debes saber cuáles son. Después debes tener claro que algunos de los límites van a generar discusiones y en ocasiones pueden provocar un episodio de agresividad: gritos, peleas, portazos, etc. 

Pero no drama, please. En muchas ocasiones lo que nos sorprende no es la agresividad en sí misma, sino el hecho de que sean capaces de reaccionar de esa manera con nosotras cuando hasta hace nada eran tranquilas y cariñosas o cuando nunca antes habían reaccionado así. 

Habiendo trabajado en tantos centros diferentes, desde espacios jóvenes hasta centros de justicia juvenil de régimen cerrado, pasando por servicios sociales y centros abiertos, entre otros, he podido observar ampliamente en distintos contextos las reacciones ante los límites. También he podido comprobar que la agresividad es un resorte que se activa cuando quieren defender alguna cosa, que viene del instinto más primario vinculado a la necesidad de sobrevivir.

Así he podido distinguir lo que debe preocupar y lo que no. Lo que necesita de una atención especializada y lo que necesita de una familia que acompañe con coherencia la aplicación de límites, la frustración, la necesidad de exploración de la autonomía, y las demás necesidades que tiene la adolescencia. En mis talleres te doy herramientas para acompañarlas en todo esto y evitar establecer la agresividad como forma de comunicación en las dinámicas familiares durante la adolescencia.

Aprender a reconducir las reacciones agresivas para que no desemboquen en conductas que las pongan en riesgo es muy necesario.

Pongo el ejemplo de un caso real para ilustrar esto. Imagina que haberle prohibido salir esa tarde da lugar a una reacción agresiva, la cual a su vez da lugar a una discusión, la discusión se hace insoportable y no hay forma de pararla, la intensidad va en aumento, hay gritos, insultos, llantos y, la adolescente en cuestión, reacciona de forma impulsiva ante la incapacidad que siente de frenar la situación y en un arrebato se va de casa y acaba con sus amigas en casa de una de ellas fumando, bebiendo o probando cualquier droga por impulso, o acaba sola en la estación del tren a las tantas de la noche (ambos son casos reales).  

Si como os he comentado antes, las reacciones agresivas incrementan su intensidad, se repiten constantemente, perduran en el tiempo y ponen en riesgo la seguridad familiar o nos hacen pensar en que hay algo más, es imprescindible acudir sin dudarlo a una profesional que pueda acompañar y tratar adecuadamente sus necesidades. Si no estamos ante una situación que requiera de una profesional y puede acompañarlas la familia, es genial, adelante. Para lo demás, mastercard

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La foto es de Pixabay y está libre de derechos. 

21 comentarios en “La agresividad en la adolescencia…”

  1. Me ha encantado. Mi hijo mayor (tengo 3) acaba de cumplir 15 años y aunque es um niño súper cariñoso, a veces, tiene arrebatos q no llegaba a entender, este artículo me ha hecho verlo de otro modo y sin duda nos va a ayudar muchísimo. Gracias por tu trabajo haces una labor de ayuda impresionante. Un abrazo fuerte.

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  2. Gracias por tu artículo.. excelente orientación, esta semana tuve uma crisis así con mi hijo de 18 años…si reaccione casi como el ..pero luego baje y entendí que yo tenía que dejarlo hablar ..

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  3. Maravilloso artículo. Es para tenerlo pegado en la nevera y leerlo cada día para no bajar la guardia. Lo intentaré seguir con todas mis fuerzas porque ellos se merecen eso y más. Mil gracias por acompañarnos en estos difíciles momentos. Un fortísimo abrazo

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  4. Gracias estoy en plena etapa confrontativa y me es muy difícil no enojarme y ver que tiene una actitud muy egoísta….voy a tratar de poner en práctica tus consejos…

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  5. Me encanta la forma tan clara en qué te expresas Sara, mi hijo de 12 (valorado 2 años por encima), está en medio de todo lo que comentaste. Me ayuda muchísimo leerte o seguí en tus vivos. Y estoy trabajando de apoco en todo con el.

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  6. Sara, he empezado a leerte y por primera vez me siento comprendida , me veo reflejada en alguna de estas situaciones.
    A mi la adolescencia me está suponiendo un gran reto, el conocerme a mi misma también, a ponerme a veces límites a mi.
    Gracias de verdad, espero q me seas de gran ayuda

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  7. Si cada confrontación conlleva un enfrentamiento físico, x ejemplo, si me dice: “baja la tv, o te cojo el mando y la bajo yo”??. El mando lo tengo yo en la mano. O me pliego y se lo doy o me lo quita. No hay más. Ya no atiende a ningún argumento más….

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    • Hola guapa, habría que explorar un poco más la situación que me explicas. De entrada, me surgen algunas preguntas: por qué te pide que bajes la tele? Como siempre os cuento, en el acompañamiento de personas no hay recetas ni manuales, pero si las pautas que te doy en el artículo no te funcionan, hay que ver que más hay por ahí para ajustarlas a tu caso particular. Si me sigues en instagram, vamos hablando de estos temas y quizá te ayuden. Te mando un abrazo grande y te agradezco que lo hayas compartido conmigo, gracias por tu confianza.

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  8. IM PRE SIO NAN TE.
    Más claro y preciso imposible.
    Como madre de adolescentes y docente nada más enriquecedor y proyectador de futuras acciones como este artículo.
    Sara jamás me voy a cansar de agradecer que te cruzaste en mi camino, me encausaste y activaste.
    Infinitamente agradecida a la vida y a VOS

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  9. Hola.mi bella Sara que lindo todo lo q escribes me sirve de mucho tengo 4 hijos , tres adolecentes y una nena por cierto nació en Madrid. Voy a estar pendiente de tus blogs que Dios te bendiga , Me fascina este dicho , Educa una mujer y educaras una Nación. Que linda que compartas tu conocimiento

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