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Los límites en la adolescencia…

… o qué podemos hacer para acompañar las conductas desafiantes sin dejarnos llevar por nuestras emociones.

Poner límites con adolescentes se parece bastante a conducir por la carretera que te comentaba en mi post de Instagram. Es una publicación introductoria a este artículo y te recomiendo mucho que la leas haciendo clic aquí, aunque no es absolutamente necesario hacerlo. Entenderás mejor la analogía con el coche, la carretera y el freno, que da título al artículo, si la lees.

En este artículo intentaré acompañarte para que ordenes las ideas relacionadas con los límites y aprendas a trabajarlos con las adolescentes de tu vida en 3 pasos, que mentiría si dijese que son sencillos, pero que, si los tienes presentes y aplicas las pautas que contiene cada uno, te van a facilitar mucho esta tarea tan temida. Vamos al lío.

Primer paso: detectar tus límites y reflexionar sobre su coherencia

Cada persona adulta pisa el freno de ese coche en función de un montón de factores en cuanto aparece el precipicio ante nosotras. No pensamos. Solo lo hacemos. Pisamos el freno y punto. 

Cada familia pone los límites donde siente necesario ponerlos para no traicionarse, para sentir que está educando “bien”. Este “bien” esconde un complejo proceso en el cual las protagonistas son todas las cosas que no vemos y que nos educaron a nosotras, que dejaron una huella profunda en nuestra imagen de nosotras, de la vida y el mundo.

Todos los mensajes que recibimos, los que siguieron resonando en nuestra mente, todo lo que nos dijeron nuestras familias o lo que no nos dijeron y nos dijimos nosotras. Todo eso de lo que ni siquiera somos conscientes pero que ha vivido con nosotras desde que iniciamos nuestra propia transición a la vida adulta. 

Todos esos mensajes son los que nos impulsan a pisar el freno a cada una en un momento diferente. Todos ellos están íntimamente relacionados con los límites que intentaremos establecer para las adolescentes de nuestra vida. ¿Conoces cuáles son esos mensajes, esas cosas que te repites (inconscientemente o no), que aprendiste y a las que diste por válidas? ¿Sabes dónde pisas tú el freno? ¿Has reflexionado sobre cuáles son los límites para ti? 

En mi experiencia, suele suceder que hasta el momento en que las personas adolescentes empiezan a confrontar, a detectar nuestras incoherencias, a insistir y a discutir para conseguir lo que necesitan, desafiando nuestros límites (recuerda que tras cada conducta se esconde una necesidad), las personas adultas estábamos a por uvas.

Dicho de otra forma, cuando las personas adolescentes empiezan a “desafiarnos”, lo que en realidad sucede es que nos sentimos desafiadas porque lo que intentan conseguir colisiona frontalmente con nuestros límites y creencias. Con lo que creemos que está “bien” y lo que creemos que está “mal”. Unos límites y creencias que ni siquiera sabíamos que teníamos, en muchas ocasiones, y que aumentan como enfocadas con una lupa ante las personas adolescentes de nuestra vida. 

De ahí que me digáis tantas veces: “Es que me veo haciendo y dicendo lo que hacía mi madre” o ” Es que me veo haciendo y diciendo cosas que nunca había hecho, es que yo no soy así”. 

Como te decía, solemos estar mirando para otro lado porque cuando llega la adolescencia, en general, como ya sabes si has leído los 10 mandamientos de la adolescencia, lo que suele suceder es que no estamos preparadas y empezamos a actuar de forma errática basándonos en las emociones que nos provocan las conductas adolescentes y que, a su vez, están provocadas por nuestros propios límites y creencias, que muchas veces ni siquiera hemos hecho conscientes y de los cuales no hemos valorado su coherencia.

Por eso el primer paso para trabajar los límites con las personas adolescentes es explorar y conocer los nuestros propios. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de ejecutar imperativos, o dicho de otra forma, corremos el riesgo de generar nosotras mismas las normas “porque yo soy mayor, sé lo que te conviene y me tienes que hacer caso, que tú no sabes lo que es la vida”. 

En mi experiencia profesional, esta forma de obrar tiene poco de educativo y mucho de pensamientos y emociones contaminantes que nos despistan del objetivo principal cuando educamos: acompañar para generar aprendizajes en otras personas. Esto pasa también como profesional, sin reflexionar, explorar y detectar nuestros propios límites y creencias en ocasiones ejercemos, parafraseando a mi amiga Margarita, “como pollo sin cabeza”. 

Revisar nuestras creencias y nuestros propios límites es necesario y debemos complementar esta revisión con un análisis de su coherencia. Para valorar la coherencia de nuestros límites y creencias nos servirá atender a:

  1. La actualidad. ¿Si nuestros límites están más cercanos a los del siglo XIX que a los del siglo XXI, será fácil o difícil trabajarlos con las adolescentes de tu vida? Obviamente, estoy exagerando, pero recuerda que somos hijas de nuestra época y cada época tiene sus características. Explora la realidad actual adolescente e intenta adaptarte a lo que hay. Si intentas “imponer” límites del siglo XIX el resultado puede ser muy incómodo para todas. Suelo decir que no somos viejas, estamos desactualizadas. 
  2. La persona adolescente. Ten siempre en cuenta las particularidades de las personas adolescentes de tu vida. Cada adolescente tiene unas características particulares que van más allá de las características propias de la etapa. Si la adolescente de tu vida, por ejemplo, jamás te ha pedido salir y un día te lo pide, ten en cuenta el esfuerzo que ha hecho para pedírtelo y negocia, y si se da a la inversa, que siempre te pide salir, negocia. La negociación es una de las herramientas más útiles en el acompañamiento de personas adolescentes según mi experiencia (haz clic aquí si quieres saber más sobre la negociación).
  3. La tribu de la persona adolescente. Para evitar escuchar la típica frase “es que a mis amigas las dejan hasta más tarde”, es de vital importancia que aprendas todo lo que necesitas saber sobre su tribu. Que la valores, la respetes y, aunque a veces no sea de tu agrado, entiendas que es importantísimo tenerla cerca. Para conseguir esto será necesario que aprendas a comunicarte con ella y conozcas lo necesario para atenderla en esta etapa. 

Sin poner consciencia sobre la coherencia de nuestros límites y creencias podemos caer en la trampa que nuestra propia sombra nos tiende. Son muchos años de mandarnos y recibir mensajes, y todos ellos han dejado una huella profunda en nuestra forma de hacer las cosas. 

Segundo paso: identificar cuándo estás ante una oportunidad de trabajar los límites y cuando no. No seas un pollo sin cabeza 

Antes de nada, debemos tener claro lo que son los límites. Los límites, siguiendo la analogía de la carretera, vendrían a ser los márgenes entre los cuales el coche puede circular sin peligro de caer montaña abajo, o sin peligro de chocar de frente con los coches que vienen en sentido contrario.

Un límite sería también, pues, la línea continua que marca los dos sentidos de la marcha, o el precipicio que nos encontramos al final. Dependiendo de la carretera, los márgenes son más o menos amplios. Sin márgenes todo estaría difuso, sería impreciso y no sabríamos si estamos circulando en uno u otro sentido. No sabríamos orientarnos. Iríamos de cualquier forma por cualquier lugar, comprometiendo nuestra seguridad y la de las demás por el mundo. Valora si tus límites y creencias te hacen parecerte a una carretera llena de curvas o a una autopista, y en qué momentos sueles pisar el freno para las adolescentes de tu vida. 

Mira si son esenciales los límites. Por más que te fastidie y a veces quieras adelantar aún teniendo una línea continua hermosa como un sol, esa línea es necesaria y está ahí para evitar que un camión te sorprenda en pleno adelantamiento y se produzca un choque frontal.

Los límites son los márgenes por entre los que nos movemos las personas para funcionar en esta sociedad en la que vivimos. En un mundo ideal no harían falta límites porque todo el mundo de forma natural respetaría a las demás personas, protegería la seguridad de las demás y velaría por el bien común, en general. Pero si algo he aprendido en los 22 años que llevo trabajando con personas, es que este no es un mundo ideal.

Las personas mienten, engañan, atacan, envidian, humillan, agreden, roban, calumnian, juzgan, etc. Y siempre hay algo escondido tras estas conductas que ha sido desatendido. La mayoría de las veces el bienestar individual pasa muy por encima del común. Sin normas no podríamos convivir. Otra cosa es el tipo de normas y cómo las establecemos.

Por lo tanto, necesitamos los límites para entender el mundo, para protegernos y proteger a las demás personas. Es un tema de seguridad individual y colectiva, y de higiene y salud comunitarias. 

Entonces, si tan clave es el tema ¿por qué cuesta tanto decir “no”, mantenerse firmes, indicar los márgenes, señalar la ruta? Entre otras cosas, cuesta poner límites:

  1. porque desconocemos su importancia.
  2. por las creencias y límites particulares de cada persona adulta.
  3. porque no sabemos cómo hacerlo o por dónde empezar. 
  4. porque siempre que se trabajan los límites hay reacciones propias y de las personas a las que acompañamos que a veces no sabemos cómo gestionar.

El punto 1 queda fácilmente resuelto en este mismo artículo. El punto 2 requiere muchas veces de un trabajo personal consciente y acompañado por profesionales. Te animo a empezar este proceso de revisión y autocuidado. Hay profesionales maravillosas que pueden ayudarte un montón. Busca una de tu confianza y empieza. Yo te puedo recomendar un montón, si lo necesitas. 

Aquí nos vamos a ocupar del punto 3 y el punto 4. 

Para resolver el punto 3, identificar cuándo estamos ante una oportunidad de trabajar los límites y cuando no, es esencial para saber si lo que estamos haciendo es ayudarlas a encontrar los límites o aportando nuestro granito de arena a una discusión innecesaria.

En mi experiencia, para detectar una u otra situación te será útil tener en cuenta que juzgar o dar la opinión sobre las preferencias de las personas adolescentes no te será útil para acompañarlas a encontrar los límites. Cualquier comentario prejuicioso sobre su música, sus amistades, su forma de vestir, los videojuegos a los que juegan, etc., generará una discusión que pondrá en juego su autoestima y vuestra comunicación. Las preferencias adolescentes forman parte del proceso de exploración de su identidad, por lo que son un tema extremadamente sensible que afecta a su autoconcepto y su autovaloración. No recomiendo nada marcar límites en la adolescencia utilizando sus preferencias. 

Sin embargo, recomiendo enfocarnos en los hábitos y en las conductas. En los hábitos y conductas relacionadas con la comunicación, el estudio, la convivencia en el domicilio familiar, la convivencia en espacios públicos, la higiene, el sueño, el uso de los dispositivos electrónicos, etc. Concentrarnos en sus hábitos y conductas y no en sus preferencias evitará discusiones innecesarias que no conducirán a establecer los límites saludables para todas.

Antes de trabajar el límite piensa si estás ante una de sus preferencias o ante uno de sus hábitos/conductas. Para diferenciarlos pasa los filtros:

  1. ¿Marcar el límite aquí es algo que mañana hará que sea una adulta autónoma?
  2. ¿Marcar el límite aquí facilitará que pueda funcionar socialmente (trabajo, pareja, amistades, comunidad de vecinas, etc.)?

Te pongo un ejemplo relacionado con una preferencia. El típico: escuchar música de estilo (pon aquí el tipo de música que más rabia te dé). Pasemos los dos filtros:

  1. Escuchar música de estilo X no influye negativamente en su autonomía.
  2. Escuchar música de estilo X no impedirá que funcione socialmente. 

Ahora te pongo un ejemplo relacionado con una conducta. El típico: escuchar música a un volumen muy elevado. Pasemos los dos filtros:

  1. Escuchar música a un volumen muy elevado no influye directamente y negativamente en su autonomía, aunque puede que afecte a su oído a la larga y esto sí que podría afectar a su autonomía (habría que comprobar si esto es posible). 
  2. Escuchar música a un volumen muy elevado puede impedir que funcione socialmente, puede afectar a sus futuras vecinas, por ejemplo, y generar problemas relacionales si se convierte en un hábito. 

Esto es solo un ejemplo sencillo y no siempre va a ser tan fácil, pero te servirá para diferenciar entre preferencias, hábitos y conductas y esto te ayudará a enfocarte cuando quieras trabajar los límites. 

Tercer paso: seguir las pautas adecuadas para trabajar los límites

Conocer lo que puedes hacer diariamente para generar en ti el hábito de acompañarlas en la exploración de los límites es esencial. Saber cómo tienes que hablarles, cuándo debes intervenir, qué pautas seguir cuando intervienes, es la madre del cordero. A continuación, te explico algunas de las pautas que, en mi experiencia, funcionan con las personas adolescentes en relación a los límites.

En primer lugar, debes tener muy presente que las adolescentes ya no son pequeñas. Son adolescentes. Esto te puede parecer obvio, pero ya sabes que reaccionan rápidamente a cualquier atisbo de condescendencia, así que pon el máximo de tu parte para hablarles sin transmitir que lo sabes todo y que ella no sabe nada, así podrás ocuparte de poner los límites donde necesitan ser puestos y acompañarlas como necesitan desde la persona adulta que eres, sin generar discusiones innecesarias, haciendo gala de todo tu autocontrol y sabiduría.

En segundo lugar, antes de negociar el límite, para un momento a pensar en si estamos ante una conducta (algo que ha hecho)/hábito (algo que suele hacer o no hacer) o en si estamos ante una de sus preferencias, esto te permitirá determinar si es necesario intervenir o no, si debemos sentarnos a negociar o no. Entonces, respira, recuerda que tú eres la persona adulta y repítete el mantra que si no conoces te invito a que conozcas haciendo clic aquí. 

En tercer lugar, negociar el límite, en el caso de la música alta, negociar las condiciones de la música en casa en función de los límites propios de cada familia. Para ello te convendrá conocer bien la herramienta. Con personas adolescentes no se negocia igual que con personas adultas. Aprende a negociar normas y límites y a acompañarlas para que vayan aprendiendo a encontrar los límites. 

Para finalizar y casi lo más importante de todo, mantente firme en el cumplimiento de los acuerdos. Si necesitas ayuda con eso tienes opciones para mejorarlo si tienes posibilidades y/o ganas. Esto en ocasiones va a significar discutir. Ahí es donde está el trabajo duro. Las personas adolescentes van a desafiar constantemente los límites y van a saltárselos. Van a saltarse los acuerdos porque así es como van a poder encontrar los límites, con tu acompañamiento antes, durante y después de saltárselos. No se los saltan porque pasen de ti o porque “sean” unas desobedientes. La desobediencia es una conducta que forma parte del proceso de crecer y si no existe desobediencia alguna, tendremos que prestar mucha atención porque alguna cosa hay por explorar detrás de esa obediencia que tanto nos gusta a las personas adultas porque nos da tranquilidad y nos genera seguridad. Como profesional, debo decir que la obediencia adolescente a mí me genera todo lo contrario. No hay que alarmarse, pero es conveniente explorar. 

Lo que más cuesta es aceptar “el arte de discutir” como algo necesario que tenemos que desarrollar durante la adolescencia y entender que las discusiones y los conflictos no son “malos”. Como educadora he “provocado” conflictos que necesitaban un empujón para poder acompañarlas en el establecimiento de límites, entre otras cosas, en muchas ocasiones. Evidentemente como profesional bregada ya en el tema tengo las competencias para hacerlo, no te recomiendo que los provoques si no te has entrenado antes bien y/o tienes un buen acompañamiento.

Me gustaría que después de leer este artículo valorases la belleza oculta tras las discusiones y la desobediencia adolescentes. Si no lo he conseguido, al menos espero haber aportado algo a la visión que tenías sobre los límites antes de leer este artículo y/o haber despertado en ti la curiosidad por aprender más. Estaré encantada de que me dejes tu opinión al respecto.

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23 comentarios en “Los límites en la adolescencia…”

  1. Me ha gustado mucho lo que explicas, muy claro y sobre cuáles son nuestros límites👍Me eduqué con el “todo es pecado”mi madre me juzgaba como vestía,comía, andaba e intentando no hacer lo mismo con mi adolescente y después de conocerte a ti e aprendido mucho más 💖💪gracias.

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  2. Que maravilloso artículo. Yo pienso que los límites deben pocos y claros y que ellas conozcan las consecuencias de saltárselos. Saber cuáles son tus innegociables y en qué y cuándo flexibilizar. Y desde luego ir adaptándolos a la edad y las circunstancias. Un y placer leerte. Tus seguidoras esperamos tu libro.😜😘

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  3. Me has ayudado mucho a conocer la adolescencia yo estoy entrando recién en ella.En la etapa infantil marcar los límites me ha costado ya que luchaba con mi educación Autoritaria que fui criada en la cual conmigo no funciono,entonces le daba una educación Permisiva por el miedo de caer en el autoritarismo…
    encontré mi Guía hace unos años Gracias a ella y a grandes profesionales que se preocupan de ayudar a unos simples Padres de a Pié.
    Ya marco los límites sin miedo y teniendo en mente que se lo intentara saltar 😀no es fácil claro,me ayuda mucho el recordar cómo era yo de adolescentes y de cómo me trataban,y mi gran frase No es Personal es cerebral me acompaña siempre y también el recordar que soy su cubo recibo sus descargas la dejo vaciarse.y ella sabe que aunque no siempre la entiendo estoy ahí.
    Mil Gracias por ser mi guía en la adolescencia te sigo en tus redes 😘😘😘

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  4. Es un gran trabajo el que haces, admirable, te digo hace 1mes y me quedado sorprendida, la creatividad y conocimiento que tienes. Gracias por acompañar a las adolescentes de nuestras vidas pero también a las adultas, que lo necesitamos tanto. Toda mi admiración Sara y gracias por todo desde 🇲🇽

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    • Muchas gracias por valorar mi trabajo, preciosa. Lo hago con amor y compromiso. Las personas adultas necesitamos acompañamiento, también, y no pasa nada. La adolescencia es una etapa maravillosa y súper emocionante y si no se conoce bien se vive con angustia. Mi intención es aportar un poquito de calma y que os resulte práctico lo que comparto. Un abrazo grande!

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  5. IM PRE SIO NAN TE!!!!!
    De una claridad extrema y un enriquecimiento único.
    Sos nuestro Ángel caído del cielo que trae calma y entendimiento a nuestras vidas.
    Obviamente da para releerlo y tomar apuntes.
    Sos DIVINA GROSA GRANDIOSA y te voy a estar agradecida infinitamente por tus enseñanzas , escucha y compañía a la distancia.

    IM PRE SIO NAN TE

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    • Gracias preciosa. Me hace muy feliz que te parezca claro, pongo mucho esfuerzo en organizar la información y buscar la mejor manera que se me ocurra para presentarla. Te mando un grandísimo abrazo y te agradezco infinitamente que estés aquí. Seguimos!

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  6. Muchas gracias por todo lo que has publicado Sara!!! De verdad que tus artículos han sido luz para mi camino!!! Han sido de mucha ayuda para poder acompañar a mis hijos de forma más asertiva como me sea posible. Soy mamá de 2 adolescentes y con mi hija de 16 años he tenido serios enfrentamientos, ya que no he logrado un acuerdo con mi esposo para poner los límites y consecuencias en casa.
    Un fuerte abrazo! 🤗

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    • Me alegro mucho de que te esté sirviendo lo que comparto. Educar en pareja es complicado, sí, y como ya sabes, las adolescentes son reactivas al autoritarismo. Os animo a hablar seriamente sobre el tema porque es de gran importancia que trabajéis en equipo. Un gran abrazo bonita!

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  7. Uy Sara que decir ,lo leí todito y tus palabras me ayudan cada día más!! Que contenido , cuanto me hace pensar en mi adolescencia y sobre todo en la de mi esposo ( ahí es en el y mi hijo el punto de explocion), cuando miro a mi adolescente me veo a mi ,en mis años!! Pero tus palabras me ayudan cada día más!!! Gracias

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  8. querida Sara…escribes claro, certero, sencillo, motivas las ganas de ser una madre acompañante y contenedora y no una mala bruja controladora, gracias de nuevo por haberte descubierto y por apoyarnos en este proceso, decía la otra vez que ya estoy queriendo la adolescencia! jajajaj (antes solo quería que se pasara rápido). Intentaré materializar tus palabras en acciones cotidianas, abrazos y lindo finde

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  9. Acabo de entrar en tu blog y me gusta. Sinceramente pienso que me apuede ayudar a entender mejor a mi fiera y me interesa un montón lo de conducta/habito. Mogoñon!! Voy a estar super pendente y ahora mismo voy a ver si soy capaz de compartir este articulo que acabo de leer con el padre de mi fiera. No es por nada, pero él es un pollo sin cabeza. Mas perdido que yo mil veces, jajajaja. Un abrazo, mucha suerte y espero poder disfrutar de tu experiencia durante mucho tiempo mas. Gracias. Gracias. Gracias

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  10. Hola Sara, gracias de nuevo por tu luz que hace que descubramos o “recordemos” recursos para nuestros adolescentes . Desde que te descubrí, hace tan solo unos días, he comprendido mucho más, me he sentido mucho más serena, más confiada, y trabajando tus palabras se ha producido un cambio en la relación con mi guerrera(12a), y a su vez, ha favorecido un sinfín de momentos de toda índole, y a su vez… Y así en bucle. Sé que es un camino lento, pero mi cerebro ya tiene 2 o 3 mantras tuyos 😉😎que me ayudan. Gracias gracias gracias 🙏.
    No te pierdo… Un abrazo

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