- Cuando llega más tarde de lo acordado, valora si es demasiado tarde o solo un poco más tarde. Si pasan 10′ lo está intentando y puede. Si pasan 30′ lo está intentando, ha luchado contra su deseo y finalmente lo ha vencido, le cuesta un poco más pero puede. Si pasa 1 h, probablemente le cueste un poquito más, aún no pueda, nos lleve más tiempo acompañarla en esto y el proceso sea más largo. Así que no es lo mismo que llegue 10′ tarde que que llegue 1 h tarde. Ahí el nivel de disgusto cambia y el nivel de paciencia también. A menor capacidad mayor paciencia. Es probable que cuanto más tarde llegue más te necesite, así que aprovecha la ocasión. Valora si lo ha intentado y refuerza positivamente si lo ha hecho y, si no, entonces ve al paso 2.
- Explícale tu gran disgusto por la situación. Que quede claro que estás disgustada porque no ha cumplido su acuerdo, no porque haya llegado más tarde de las 9 pm, ojo, porque no se ha responsabilizado de su compromiso. Recuerda, el objetivo.
- No le preguntes dónde ha estado, qué ha estado haciendo o con quién.
- Dale la oportunidad de que te explique por qué ha llegado tarde sin juzgarla gestual ni verbalmente. Esto cuesta, lo sé. Practicando se consigue, I promise. Tú puedes.
- Pregúntale qué puede hacer diferente la próxima vez para cumplir con lo acordado o si ve que no va a cumplir con lo acordado.
- Pregúntale por la consecuencia del no cumplimiento. Ahí te pones firme porque es muy probable que no quiera cumplir la consecuencia, dependerá del momento en el que esté. A menor oposición en el cumplimiento de la consecuencia, mayor autonomía, más habilidades tiene la adolescente en cuestión. Es importante seguir con el discurso de la responsabilidad, el compromiso y la confianza (te recuerdo que los acuerdos y las consecuencias tienen que tener unas determinadas caracterísicas, no me exitiendo que es largo, en mi conferencia de límites te lo explico todo con detalle y ejemplos).
- Y aquí viene el momento difícil. Mantenerse firme ante la consecuencia. Para entender las consecuencias de nuestras acciones, de nuestras decisiones, necesitamos encontrarnos con ellas de frente.
Si no muestras firmeza, no mantienes el discurso sin perder de vista el objetivo, no muestras tu disgusto por no haber cumplido el acuerdo y sí cedes ante sus conductas (enfadarse, llorar, gritar, no hablarte, encerrarse en su cuarto, decirte que te odia o que no la entiendes, etc.) no estás trabajando los límites. Otra cosa es cómo acompañas sus reacciones y su conducta en esos momentos.
De todas estas cosas y más, hablamos en mis conferencias online porque a educar se aprende, sin culpas ni dramas, con responsabilidad, y vale la pena el esfuerzo si el objetivo es una vida adulta sana y lo más satisfactoria posible.
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